Jorge Ibargüengoitia
Juan Villoro
Carlos Monsiváis
la biografia que escogí fue la de
jorge ibarguengoitia:
“Este señor está registrado como un maestro del humor, la irreverencia, la mordacidad y el desparpajo. Con esa credencial entró directamente a un sitio solitario y único en la literatura de su país y en la del continente. “Su teatro, sus cuentos, sus novelas y las colecciones de crónicas y notas que escribió en su vida están cortadas con las mismas tijeras romas. Cada página suya tiene la marca de unos sablazos, la molestia de una parodia o la punta de su cuchillo en una superficie concebida para que fuera lujosa y a la que la mirada de Ibargüengoitia le descubre falsedades o podredumbres”, escribió el poeta y periodista cubano Raúl Rivero. Precisamente, es el humor ácido y anti-solemne lo que más brilla en la obra imprescindible de Jorge Ibargüengoitia, acaso el único escritor mexicano que enseñó o pretendió enseñar sin demasiado fervor y seguramente con mucho sarcasmo a reírse de sí a sus connacionales. Cada vez que habla de México, además, lo hace en forma natural, sin pontificar, sin dar clases, con esa calidez propia de un cercano, de uno de los nuestros. No perduró su tradición, pero están sus obras, unas perlas preciosas que recuperarán las nuevas generaciones mexicanas, conforme vayan abandonando -los que nacen y nacerán- esa solemnidad larvada, esa cortesía que esconde más de lo que muestra, a las que son tan afectos los naturales de este país
la novela que escogí fue:
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